Hoy la lucha contra el cáncer es una pelea de igual a igual y muchas veces esta se doblega.
Sé que piensa que el cáncer no tiene nada de justo y que no debería padecerlo. Que desde el día que se enteró que lo sufría, se sintió maltratado por la vida y que en sus constantes insomnios no deja de preguntarse: ¿por qué a mí, qué hice mal para merecer esto?, al punto que sus creencias se han revuelto y sus esperanzas han rodado por el suelo.
No es raro que el futuro lo enfrente a diario con su propia muerte y que, incluso, cuando quiere reír lo invada un miedo inmenso y una tristeza que le roban los pocos minutos de tranquilidad, a los que cree que ya no tiene derecho. Se siente sólo y desubicado.
Entiendo que tenga una rabia que quiere desahogarla contra el mundo y que en ocasiones lo invada la culpa porque cree que no se cuidó lo suficiente para evitar este mal que hoy lo agobia. Hoy le resulta difícil sentirse positivo y optimista, mucho más, cuando piensa en el tratamiento y en la incertidumbre de los pronósticos.
También tengo claro que las palmadas en la espalda poco lo consuelan, pero a pesar de eso, como médico dedicado a ver pacientes como usted, quiero decirle que no está solo, que hoy la lucha contra el cáncer es una pelea de igual a igual en la que muchas veces la enfermedad es la que queda en la lona y en otras tantas sus efectos se doblegan para apagar al máximo ese sufrimiento, que con razón, usted considera injusto.
La ciencia tiene medicamentos, procedimientos y otras herramientas que curan, que frenan, que alivian o que ayudan a sobrellevar la carga del cáncer de manera efectiva y usted debe volverse experto en todo lo que funciona contra su tumor. Sin pena, hable con su médico y haga equipo con él para dar la batalla.
Levante la cabeza y conviértase en su propio defensor sin perder de vista que no hay mejor tesoro que contar con alguien que se interese por usted, por nada del mundo se aleje de su familia ni de sus amigos y dese siempre un espacio para sus silencios y sus reflexiones en privado. No se calle sus angustias, comparta sus temores y si tiene que llorar es mejor frente a lo que ame.
No me tome a mal si le recomiendo que busque ayuda si los pensamientos fatales lo invaden, que no suelte las cuerdas espirituales que tenga y que jamás pierda la esperanza... Y si tiene que enfrentarse al sistema de salud, hágalo con firmeza, eso también lo hará sentirse vivo. Le repito, no está solo.
CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ R.
ASESOR MÉDICO
EL TIEMPO CASA EDITORIAL
gracias al portal ELTIEMPO.COM
www.fungadevi.blogspot.com
@FUNGADEVI

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